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La profunda oscuridad me había rodeado, yo estaba nerviosa, un poco atemorizada. Envolví mi cuerpo con los brazos, a manera que pudiera protegerme de cualquier peligro. Y me vi, tan extraña y hermosa, un halo blanquecino emanaba de mi cuerpo, era una especie de luz que me iluminaba por completo, como si fuera un farol humano. Aún así no lograba ver más allá de mis pies, ni a treinta centímetros. ¿Dónde estoy?, me preguntaba. Entonces apareció alguien, o algo, no deduje enseguida qué era en realidad. Parecía una figura humana, oculto en las sombras. Se fue acercando a pasos lentos... y luego su semblante emitió el mismo brillo que el mio. Era un muchacho de belleza arrebatadora, me observaba detenidamente como si me examinara. No parecía ser alguien normal, su piel era extremadamente pálida, y en sus ojos brillaba una combinación singular de color verde y rojo, a la vez esos colores conjugaban con unas ojeras bien marcadas debajo de los parpados. Sus labios delgados y de finos pliegues se movían vehementes hablando pero no entendí qué decía, al mismo tiempo se acercaba cada vez más. ¿Quien será éste?, quise saber. En ese instante calló, para esbozar una sonrisa amplia plagada de ironía, unos dientecillos blancos y puntiagudos salieron a relucir. Mis ojos se crisparon, pero quedé estática, no podía moverme aunque quisiera correr y alejarme de él. Sentí mi corazón acelerarse, mi vello erizarse, me iba a desmayar, ¡era un vampiro!
Y me di cuenta de que me estaba manipulando, con su mirada profunda y hostil. Si no podía moverme era porque él no me lo permitía. Alzó una mano, a la altura de mi rostro- yo pensaba en ese momento que no faltaba mucho para que muriera, veía sus dientes afilados y no esperaba el momento que los clavara en mi cuello o donde fuera. No me despedí de mi padre, ni de Frank, pensaba. Tantas cosas que me faltaron por hacer, como comprarme una mascota. Quería nombrar a un minino Loreto... Normalmente una persona vive alrededor de 70 años, pero éste vampiro piensa quitarme la vida a los 17. ¡Es un hijo de puta!-, la aproximó y rozó suavemente mi pómulo izquierdo.
Desperté sobresaltada, bañada en un fino rocío de sudor. Miré a mi alrededor, estaba en mi habitación.
-Oh no. Otro sueño de esos- murmuré para mi misma-, pero ¿qué querrá decir? Quien sabe... pero debo comprar un gatito.
Nunca había soñado con algo tan peligroso, y nunca con un vampiro. Parecía un clásico vampiro salido de algún libro popular, pálido, de colmillos relucientes y blancos, acechando a su presa (a mi)... e increíblemente guapo.
-Tal vez habrá una fiesta de disfraces, o se tratará de alguna broma... pero estábamos sólo él y yo, en la oscuridad, quien sabe en cual lugar.
Sacudí la cabeza, luego me volví para ver el reloj en el buró, apenas había sonado la alarma. Me levanté, ya más tranquila. Me di un baño fugaz y después me aliste para ir a la escuela- únicamente desayune un tazón de leche repleto de galletas de chocolate. Sumergí todas las galletas que pude en un plato y las batí con una cuchara hasta formar un suave papilla. Papá ya se había ido a trabajar.
Llegué tan temprano como siempre, la escuela seguía medio vacía. Estaba recargada en mi casillero acomodando los olanes de mi falda, de igual manera verificaba que mis medias no se hubieran ensuciado... pero los colores estaban intactos.
Vi a Frank acercarse minutos después, corría hacia mi.
-Hola- dijo animado- ¡oye! hoy te pareces a Arwen, solo que con ojos avellana.
Frank solía quejarse de que tuviera el mismo color de ojos qué él (algunos creían, por una estúpida razón, que eramos hermanos), aunque parecía que esta vez lo decía como si nada.
-¿Arwen?, pero ella es una elfo.
-No dije que parecías elfo, sino que justamente ahora te pareces a Liv Tyler en la película- increpó rodando los ojos junto con una sonrisa condescendiente.
-Okay, okay. Entonces salimos de la misma película mi querido hobbit- me burlé.
Enseguida arrugó la cara en forma de puchero.
-¡Ay! ¡Tu eres igual de enana que yo!
-Claro que no, soy un centímetro más alta...
Comenzamos a andar por el pasillo (mientras seguíamos con nuestra pequeña discusión) en dirección a nuestra primera clase, Lengua.
-Anoche- empecé a decir para cambiar el tema, temí tan solo de reavivar mis recuerdos- tuve otro de esos sueños- confesé.
-¿Otro? ¡Genial! ¿Cómo fue?
-Aterrador- gemí-, soñé con un vampiro. Quería matarme.
-¿Vas a morir?- enunció la pregunta, separando cada silaba.
-¡No!- chillé- pero no puedo ni imaginarme qué quería decir mi sueño con ese vampiro.
-¿Qué hizo? ¿Dijo algo? ¿Como era?- cuestiono precipitadamente.
-Ehm... me tocó el rostro, no entendí lo que dijo, era muy guapo- enfaticé lo ultimo.
-¿Entonces como sabes que quería matarte?- arrugó el ceño decepcionado.
La perforación de su labio inferior brilló mientras hablaba.
-Mostró los colmillos.
-Eso no quiere decir nada.
-Pero yo lo sentía, me quería matar.
Soltó una risita socarrona.
Al entrar al aula hurgué dentro de mi mochila en busca de mi libro para distraerme durante la clase.
-¿Que pasa?- inquirió, inclinándose sobre el pupitre para ver dentro de mi mochila también.
-¡Ash! Olvidé mi libro de Robert Kirk en el casillero.
-Aún tienes tiempo de ir por el.
-Claro, ya vuelvo Frankie...
Salí a zancadas del aula, me deslicé veloz por los pasillos hasta llegar a mi preciado casillero. Saqué mi libro y lo abrí en la pagina dónde me había quedado para ir leyendo en el camino.
En ese momento el timbre sonó provocando que multitudes de alumnos anduvieran acelerados para ir a sus salones. Cuando doblé en una esquina, pude sentir un golpe atropellado que me sacudió el cerebro. Zarandeé la cabeza en un fallido intento por asimilar lo ocurrido. Volví a abrir los ojos, rebusqué enseguida con qué acababa de chocar... no lo pude creer. ¡Era él! Un escalofrío me recorrió en un instante, el libro se me cayó de las manos con torpeza. No había pasado más de cinco segundos de lo ocurrido. Lo miraba atenta, embelesada, era el mismo chico de mi sueño, el vampiro. Apenas era un poco más alto que yo, llevaba puestas sus prendas oscuras, su piel igual de pálida, su cabello negrísimo que casi le llegaba a los hombros, su aroma fascinante, su mirada abismal y el color de sus ojos... solo eso cambiaba, no eran de ningún tono rojizo, sino de color verde olivo, bellísimos.
Se inclinó para levantar el libro del suelo (yo aún continuaba petrificada), observó con atención la portada unos instantes, soltó un bufido apenas audible y me acerco el libro para que lo tomara.
-Ten cuidado- musitó suave, con una voz aterciopelada y persuasiva.
Tenia el ceño fruncido, pero su mirada era totalmente inescrutable. Apenas pude asentir luego de escuchar sus palabras.
-Gracias- formulé con dificultad.
Me esquivó con un paso y continuó su camino por el corredor que ya estaba medio vacío.
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Soy tan poco profesional que ni siquiera corrijo la ortografía...
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