miércoles, 16 de mayo de 2012

La pesadilla que me hacía llorar [fragmento]



Cuando era niña y enfermaba tenía una pesadilla recurrente que me atormentaba y me hacía llorar. 
En ella estaba sola, sentada en el suelo de una habitación amplia y completamente a oscuras, pero por alguna razón emanaba luz de mí y podía ver el piso alrededor mío, pero no había nada más que eso. 
Tenía una pequeña florecita, de seis pétalos, en una mano. Cada pétalo era de un color distinto. A pesar de la oscuridad y soledad, mi florecita era todo lo que necesitaba y me hacía sentir feliz. La giraba entre los dedos, la ponía en la punta de mi nariz y aspiraba su fresco aroma. Sonreía, estaba contenta. Luego aparecían más flores iguales plantadas en el piso de la habitación, brotaban de la madera. 
De pronto una figura atravesaba la negrura, era un hombre. Parecía molesto, no, más que molesto. Estaba colérico, furioso, tenía los ojos tan rojos que parecía que eran de sangre. Yo me asustaba, me quedaba sentada y atemorizada en el suelo. Entonces el hombre se acercaba con brusquedad, me arrebataba mi florecita de la mano y la pisoteaba frente a mis ojos. Yo sentía como si me hubiera dado una bofetada, algo que me destruía, que un hueco se formaba en mi estómago y dolía. Ese hombre había aplastado mi inocencia, me había arrebatado mi infancia.
Al despertar de mi pesadilla tenía los ojos llorosos. 

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